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Mi historia de 10 años de emprendimiento…

Mi historia de 10 años de emprendimiento…

Antes de que empieces a leer, esta es la historia de 10 años de mi vida y en ella aunque no hay ningún nombre hay implicadas muchas personas. Espero que entiendas que es un pequeño resumen de MI vivencia, no de la de los demás.

 

Espero que mi experiencia te sirva de ayuda o referencia y GRACIAS infinitas por leerme. Así que sin más dilación os cuento una década de emprendimiento: 

 

Como muchos sabéis yo estudié arquitectura, y desde que llegué a España trabajé en diferentes empresas de ingeniería haciendo proyectos de ferrocarril y carretera. Se me daba muy bien, y es una puerta que siempre siguió abierta para volver cuando yo quiera. Pero de creatividad tenía más bien poco. 

 

Allá por febrero del año 2009 viajé a Argentina para ver a mi familia y ayudando a mi madre a hacer una tarta se me ocurrió la idea de empezar con la repostería. Yo tenía poca idea en ese entonces, había hecho solo dos tartas en mi vida aunque algunas figuras. A mi madre siempre se le dio de maravilla la repostería y a mí me dejaba ayudar en los modelados. Fue entonces, mientras la ayudaba que descubrí un mundo nuevo y maravilloso, me encantó desde el primer momento y me di cuenta de que por España no estaba muy desarrollado. Así que di vuelta una de las dos maletas con las que viajaba, me fui a un mayorista de repostería y llené la maleta hasta arriba de cosas para empezar esta dulce aventura. 

 

 Como todas las que habéis empezado, comencé haciendo las tartas de los hijos de todas mis amigas. También atiborré a mis compañeros de trabajo a base de dulces. Prueba y error… una y otra vez. La base me la había pasado mi madre, las mejores recetas, su técnica. Ahora tocaba hacerla mía encontrar mi estilo, lo que más disfrutaba. 

 

Durante el año 2009 y 2010 me dediqué paralelamente a la ingeniería en la oficina y a las tartas en casa. Cualquier evento que tenía alrededor aprovechaba para hacer galletas, tartas o cupcakes y practicar sin parar.

 

Fui conociendo a mucha gente maravillosa, gente que se sumó al proyecto pidiendo que le enseñara a hacerlo, y luego que le vendiera material para que pudieran hacerlo en sus casas. Así fue como, poco a poco, nació la idea de abrir la tienda.

 

Mientras tanto en enero del 2011 nacía mi segundo hijo. Llegó un ERE a la empresa y 45 nos fuimos a la calle. En ese momento me vi recién parida, sin trabajo y con una pequeña indemnización y pensé: ahora o nunca. Cobré el paro dos días y al tercero ya lo había capitalizado para emprender. Y tuve la gran oportunidad de comenzar un negocio sin una sola deuda, con el capital en el banco. 

 

En ese momento quien me empujó a hacerlo fue una mamá del cole, y así es como nació la tienda física en Valdemoro de la marca que llevaba casi dos años construyendo en redes sociales. Buscamos un local muy cerca de nuestras casas, con la menor obra posible que realizar y un mes de junio lo alquilamos. El 16 de agosto del 2011 abríamos las puertas de nuestra tienda. Una tienda que jamás imaginé que estuviera llena de alumnos y clientes desde el primer momento. Tanto fue que a los cuatro meses cogimos el local de al lado para ampliar el aula. 

 

Pero algo falló. En un emprendimiento no todo es color de rosas, y como dice mi suegra: Las medias para los pies. No funcionó ir a medias, así que en diciembre ajustamos las cuentas, cada una por su lado y yo seguí con mi sueño.

 

Fue duro porque era un proyecto físico que empezó siendo de dos personas y de repente me vi sola ante todo, cubriendo el horario íntegro, afrontando toda la responsabilidad… pero estoy totalmente convencida de que todo pasa por algo.

 

Un par de meses después celebramos la apertura del aula nueva. Y seguimos creciendo. Siempre con el apoyo de mi incansable marido que en todos estos años jamás tuvo un solo reclamo para los miles de millones de minutos que le quito a él para dárselos a este proyecto. Y asumió como el mejor de los compañeros de viaje que para que yo triunfe, para que yo brille, él muchas veces tendría que aparcar a un lado su crecimiento profesional y participar incluso más que yo en casa.

 

En marzo de 2012 ya pude tener ayuda en la tienda. Y pasé de ser únicamente autónoma o emprendedora a ser también jefa y hoy… muchos años después sigo diciendo que es lo que me parece más difícil de todo y lo que peor llevo. A pesar de la ayuda en esa época seguía desbordada de trabajo y hubo noches enteras sin dormir. Hasta el punto de que el día de la madre de ese año me dormí conduciendo y tuve un accidente con otro coche en el túnel de la M50. Creo que en cierta forma ese día cambió mi vida y desde entonces tengo la suerte de contar con una psicóloga que me ayuda a gestionar cada una de las etapas donde me voy encontrando en este camino en el que no hay un solo día que no crezca y aprenda.

Poco a poco algo que nació tan pequeñito, con un proyecto de autoempleo creció a un ritmo de vértigo. Me encontré con gente que me decía “yo quiero abrir una tienda igual a esta”  o “¿esta franquicia es española?” y así es como apareció la palabra franquicia en mi vida. La gente me decía: tienes que franquiciar esto. Y empezamos a averiguar al respecto, y todo lo que implicaba.

Con el proyecto en la mano de una pequeña consultoría por la que apostamos creyendo que sería mejor algo cercano estuve casi un año, sin decidirme a lanzarlo o no. Y al final en noviembre de 2012 lo anunciamos pese a todas las recomendaciones de mi gestora de que ni se me ocurriera.

 

El crecer con esa modalidad implicó que dejara de ser autónoma y constituyera una sociedad limitada a inicios del 2013, un trabajo brutal de papeles y documentos y un desembolso económico inimaginable. Lo que por fuera quizás se pudiera ver como un imperio, abriendo tienda tras tienda, internamente implicaba una inversión tras otra y muchos miles de euros en sistemas de gestión, empleados, transporte, infraestructura, etc… y una consultoría que además de cobrar por el proyecto inicial se llevaba el 50% de todo.

 

En febrero de 2014 y después de más de un año de buscar un local que nos gustara, abrimos nuestra segunda tienda en Madrid Capital. La única que hemos tenido además de la de Valdemoro que sea propia. Y después de quedarme embarazada en 2015 de mi tercer hijo decidí cerrarla. Muchas veces me preguntaron si me dolía y sí, económicamente fue duro. Se había ido mucha inversión al abrirla, fueron 200 m2 que reformar amueblar, equipar, etc…  Pero mentalmente fue un alivio muy grande, que para mí merecía la pena.

 

Durante más de un año dejaba a los mayores en el colegio, corriendo cogía mi coche y atravesaba Madrid en hora punta para llegar a dar clases a tiempo, y luego a mediodía corriendo para volver a la otra tienda. Era materialmente imposible estar en las dos, y pese a que todo el personal que me acompañó siempre fue maravilloso, yo sentía que no estaba en ninguna de las dos.

 

Llegamos a tener 10 tiendas, y hasta hoy lo pienso y me recorre un escalofrío por el cuerpo. Era la sensación constante de vivir para trabajar y que jamás era suficiente. Era una demanda constante de dedicación, una lucha de defender porque había que hacer las cosas de una manera y no de otra y un dolor enorme cuando algo que construías con tanto amor y cariño lo veías pisoteado por quienes sabían de todo más que tú. Realmente lo recuerdo como la peor época de estos años de emprendimiento.

Y no porque no me gustara el proyecto que construí, sino que lamentablemente no supe hacerlo bien, no supe ser mucho más firme cuando debía serlo en muchísimos aspectos. Y al final es imposible contentar a todo el mundo, y en el mejor de los casos si lo logras quien seguro no está contento eres tú mismo, que ya ni te reconoces en el espejo.

Había dejado ya de crear dulces y de dar amor para convertirme en una mera administradora de algo que no me hacía ni de lejos feliz, cada día se me hacía más cuesta arriba.

 

En octubre de 2015 nació mi tercer hijo, y toda la felicidad que puede traer un niño consigo (y la trajo) se vio nublada por la situación que tenía alrededor. Por una parte, el ‘boom’ que fue la repostería creativa dejó de serlo, abrían dos tiendas por cada sitio, tres o cuatro tiendas que hacían lo mismo y junto con la crisis las facturaciones no eran lo que se esperaba que fueran. Y muchas tiendas comenzaron a cerrar, mías y del resto de España. Algunas con dolor y lo mejor que se pudieron, otras con amenazas de demandas judiciales y querellas criminales. Sí, recién parida llegué a recibir cartas donde pedían que yo fuera a la cárcel.

Psicológicamente era un trapo, durante mi baja me limitaba a dar de comer a mis tres hijos y sobrevivir. El resto de las horas del día las pasaba en el sofá viendo televisión. Empastillada hasta arriba de antidepresivos y comiéndome todo lo que encontraba por el camino. En ese momento mi marido pensó que me perdía, que no saldría de esa. Físicamente me puse muy malita, empalmando enfermedad con enfermedad hasta pillar una bacteria intestinal que me llevó a tres ingresos hospitalarios y que ningún médico sabía cómo curar.

Y no fueron pocos los días en los que quise dejarlo todo, y cuando digo todo es absolutamente todo. No tenía más fuerzas para nada, y cada vez que llegaba una carta era otro poco más que me hundía emocionalmente, ¿cómo podía algo que habías construido con tanto amor y dedicación hacerte tan infeliz?

 

A medida que las tiendas iban cerrando, a mí me sobraba infraestructura, me sobraba personal, me sobraban colaboradores. Y a todo ese gasto había que sumarle los cientos de euros que se llevaba al mes el despacho de abogados. Dicho sea de paso, que hasta la tercera no di con gente buena, honesta y que trabaja de verdad y sin descanso para solucionar las cosas con la menor confrontación posible. Si es que el mundo está lleno de gente maravillosa, solo que para encontrarla y saber apreciarla primero debes cruzarte con unos cuantos que te enseñen que es lo que NO quieres en tu vida. Pero el aprendizaje más grande que tengo de esa experiencia es que franquiciar algo creativo es prácticamente imposible, básicamente porque deja de serlo.

 

Durante un tiempo pensé: cierra. Déjalo todo. Deja de sufrir por un sueño y un proyecto. Ya vendrán otros, o no. Siempre dije que si cierro mi tienda física algún día no volveré a tener otra cosa física. También me dolía ver a mis hijos echarme de menos por la cantidad infinita de horas que le dedicaba a algo que me estaba haciendo sufrir.  Pero me senté fríamente a pensarlo, como si analizara la situación de otra persona. Y lápiz en mano empecé a apuntar y hacer cálculos. Cómo es posible que no funcione una tienda de un producto concreto y específico que abarca un porcentaje de mercado mínimo esta facturando seis cifras anuales y que nadie que entra por la puerta se marcha sin compra. ¿Y que tenga clientes y alumnos afianzados hace tantos años? Y la respuesta fue muy sencilla: SIGUE ADELANTE. Simplemente hay que replantear la estructura interna.

 

Ajustar el gasto y la infraestructura al ingreso actual anual fue muy duro, sobre todo despedir personal. Nunca me había visto en esa situación. Pero era todo o nada. Siempre digo que desde el lado de un empleado jamás se ve que para una empresa el gasto es el doble, si tu ganas 500, la empresa gasta casi 1000. Y así es como debe de ser, pero había más personal que el trabajo actual que teníamos. Y no quedó mas forma posible de seguir que ajustar el gasto al ingreso.  Renové imagen de la marca, porque necesitaba que por fuera también cambiara todo lo que había cambiado por dentro y “volví a la carga”.

 Y en ese ajuste, en febrero de 2017 volví casi a los inicios de 2012 con muy poquito personal, sin franquicias básicamente, tranquila, y disfrutando nuevamente de lo que realmente me gustaba hacer. Diseñar tartas y enseñar a hacerlas. Volviendo a trabajar desde el amor por lo que hago, desde mi sueño y con muchísima energía.

Desde entonces, hace dos años, sigo cada día estudiando, aprendiendo e implementando todo lo que aprendo. Porque creo que llevar un negocio es básicamente eso, no dejar de aprender y renovarse. Equivocarse y volver a intentarlo. Pero amando lo que estás haciendo, porque de lo contrario sólo te hará infeliz.

 

Ahora soy muy feliz con lo que hago y cómo lo hago, he tenido que recorrer un camino a veces muy duro, y he descubierto que me invade por dentro una hermosa y enorme emoción cuando siento que os puedo ayudar a recorrer ese camino más fácilmente, y acortarlo en la medida de lo posible.  Emprender no sólo es crear algo que funcione y que se venda, es aprender a controlar toda esa ráfaga de emociones que nos acompañan a lo largo de nuestro emprendimiento y que muchas veces nos juegan en contra. Quien ha aprendido conmigo durante estos años sabe de sobra que yo soy muy práctica, me gustan las cosas que funcionan y voy al grano. ¡Me encantaría enseñarte a ti cómo hacerlo!

 

Conciliar y Emprender

Conciliar y Emprender

Conciliar y Emprender  

Se me hacía muy difícil leer juntas las palabras conciliar y emprender en la misma frase. Sobra decir que cuando emprendes dedicas muchas, muchísimas más horas que las que dedicabas a tu vida profesional por cuenta ajena.

Por cuenta ajena, a la hora que tocaba (cuando se podía, claro está) salías por la puerta y normalmente dejabas todo ahí, prisas, obligaciones, estrés, etc…

El día que decides el camino de ser tu propia jefa todo eso va contigo a donde vayas y cuesta mucho, muchísimo separar. La vida profesional y personal comienza a mezclarse. Tu correo electrónico va en tu bolso, y tu Whatsapp sin quererlo se convierte en “cuenta de empresa”.

Pero conciliar no es irse a casa a las 3, o poder tener la posibilidad (aunque tengamos el derecho) de una reducción de jornada, o tele-trabajar cuando tu peque se pone malo… hace poco en una @cenasadivina con Laura Baena de @malasmadres (que por cierto estuvo INCREIBLE! como lo son estas dos mujeres, emprendedoras y conciliadoras como la copa de un pino) hablaba de que conciliar es LO QUE TE HAGA BIEN!,  lo que te ayude, lo que igual te haga sentir menos mala madre.

Y después de esa velada increíble, en la que tanto aprendes por escuchar la experiencia de la invitada en cuestión y la del resto de las invitadas, vuelves a casa y sigues analizando cómo lo has hecho tú, que has elegido y si esas elecciones y decisiones te hacen feliz, o si te acercan un poquito más a dónde realmente quieres estar.

Y yo he tenido muchos momentos, mejores y peores. Pero hoy con total certeza os puedo decir que emprender puede ser conciliar:

  • Porque yo elijo mi horario de trabajo, elijo igual no trabajar una mañana en la que mi pequeño se puso malo (aún sabiendo que luego la noche será larga haciendo lo que dejé pendiente)
  • Yo elijo estar cada fiesta de fin de curso, baile, actividad etc… porque no tengo nadie que me  mire mal si me pido el día, o si ese día llego una hora más tarde.
  • Yo elegí quitarlos del comedor a los tres, para que ese rato a medio día, todos alrededor de la mesa podamos compartir cómo fue nuestra mañana.
  • Porque mis hijos entran o salen de mi trabajo como si fuera también su casa
  • Porque puedo llevarme muchas veces trabajo a casa y hacerlo mientras ellos hacen los deberes.
  • Yo elijo graduar cuanto trabajo acepto y donde pongo el freno para poder disfrutar de ellos y de mi casa.

Ahora, como mi propia jefa, y jefa de otras madres también tengo una obligación, y esa obligación es tratar de ayudar y favorecer a que las demás también concilien y espero de corazón estar haciéndolo bien y empezando a cambiar este mundo en el que vivimos.

Se puede ser una excelente profesional (por cuenta ajena y propia), se puede crecer y ascender y es totalmente compatible con ser madre!!! Porque si bien, hay una prioridad en nuestra vida que está por encima de todo, la maternidad también nos da recursos infinitos físicos e intelectuales… porque quién no se sintió que le han crecido más brazos cuando ha tenido un hijo, dos o tres.

Fácil, no es… como nada que merezca la pena en la vida. Pero se puede ser feliz, haciendo lo que amas y siendo madre.

Que nadie te engañe diciéndote lo contrario.

besos, Natalia.

 

 

 

 

¿Porque cuesta tanto pagar una tarta personalizada?

¿Porque cuesta tanto pagar una tarta personalizada?

Reflexión de una mañana cualquiera….

¿Porque cuesta tanto PAGAR una tarta personalizada?

Y digo personalizada para que penséis que es una tarta con los gustos del cliente… para el acontecimiento del cliente… con la temática escogida etc.. etc…

Primer planteamiento… “Se va a comer”
Segundo planteamiento… ” Si es que es huevos.. harina… leche…”
Tercer planteamiento… “Si es que es un cumpleaños… una cosa insignificante”

Entonces os voy a hacer la comparativa con un vinito si me lo permitís…

Si… se va a beber!… igual que se va a comer una tarta.
Si… son uvas!…
Si… es una “insignificante” cena.

Y porque se paga 50/60/70€ (y muuuchooo masss) por una botella de vino?????? Y cuesta pagar una tarta?
Sencillamente porque cada uno valora lo que decide valorar.
Porque no es lo mismo un vinito de Mercadona de caja de carton que de una bodega de renombre, de una sepa buena, con un tiempo de maduración y fermentación no? Y lo valoran y lo pagan…

Pues señores… tampoco es lo mismo una plancha de bizcocho hecha de manera industrial… crema que no sabe a nada e impresiones de azúcar hechas por miles. Que una tarta hecha artesanalmente, con una formación previa de años, con materiales de primera, hecha exclusivamente para ti, con más de 6 horas se trabajo encima.

Pero aquí no vengo a quejarme de eso (gracias a Dios tengo agendas de encargos llenas de gente que si lo valora) vengo a quejarme de la gente que se mete con la que si valora una bonita y deliciosa tarta… una fiesta preciosa y cuidada… por favor… NO os metáis en lo que nos gastamos o el tiempo que le dedicamos.

Cada uno se gasta el dinero en lo que le apetece!… incluso los que de fuman dos cartones de cigarros por semana, ¿Que derecho hay a que digan… como vas a gastarte 100€ en una tarta??? Y tú? En que te lo has gastado???… en cenizas? No, es tu placer.. tu vicio. El nuestro es celebrar la vida… Y hacerlo de manera bonita y preciosa. RESPETALO!!!!!

Natalia Boccassi

Los secretos de una Red Velvet perfecta

Los secretos de una Red Velvet perfecta

El Red Velvet es desde luego y muy por encima de todos, nuestro sabor estrella. Vendemos más del doble de cupcakes de Red Velvet que de cualquier otro sabor. Y es por excelencia el sabor favorito de los novios a la hora de elegir su tarta de bodas, tanto con fondant como sin él.

Lo enseñamos en las clases de Pastelería Americana, en nuestra escuela, incluso en clases cortas donde únicamente os enseñamos todos los secretos de un Red Velvet perfecto con un frosting delicioso, suave y sedoso.

Hoy os traemos los tips que debéis seguir para un RED VELVET PERFECTO, tomar nota:

 

  • Uno de nuestros “secretos” es el tipo de colorante que utilizamos. Podría asegurar sin ningún miedo a equivocarme que el 90% de las personas que hacen Red Velvet utilizan el colorante Extra Rojo de Sugarflair concentrado. Y no voy a decir que va mal, todo lo contrario… podría decir que de los tipos de colorantes que se comercializan al consumidor final es el único que puede llegar a teñinr bien una Red Velvet. Pero no, ese no es nuestro secreto, porque consideramos que da color, pero cambia la textura del bizcocho. Así que para nosotras el mejor colorante para el Red Velvet es colorante en polvo rojo (ojo… no es el colorante en polvo de las flores). Nosotras lo compramos en gandes cantidades, pero para que todos podáis hacer el Red Velvet idéntico, os lo empaquetamos en bolsitas de 25 gr. (compraló aquí). Con una pequeña cantidad como una cucharita de moca os prometo que teñis una Red Velvet así:
  • El segundo tip que os vamos a contar es sobre el Butter milk, o suero de mantequilla. Hay sitios que comercializan productos importados y lo puedes encontrar. Pero si os digo la verdad, jamás lo he comprado. Es muy muy muy fácil de hacer. Sólo es cuestión de cortar la leche. ¿Cómo? Con zumo de limón o con vinagre… proporción:

120 ml de leche – 1 cucharadita de limón o vinagre*

*Importante: pasarán unos minutos para que la acidez haga efecto, si ves que no se corta puede que la leche esté demasiado fría… yo suelo calentarla unos segundos y ya se corta.

 

  • Una cosa que es super importante sobre todo para el color y el sabor característico… AJUSTAR la cantidad de cacao de la receta según el cacao que eséis utilizando. Nosotras utilizamos un cacao puro muy pero muy bueno e intenso (éste). Este cacao es tán intenso, que con muy poco damos sabor a la Red Velvet, si nos pasamos obtendremos una masa más granate que roja. Por el contrario si el cacao que utilizas es muy suave y de poco sabor, necesitarás subir la cantidad a utilizar.

 

  • Otro punto que tienes que tener muy en cuenta es que si el bizcocho del Red Velvet te sale bien, que gracias al Butterlmilk, al colorante y a la receta es esponjoso, húmedo, suave… en ese caso NO utilizamos almíbar de ningún tipo. ¿Por qué?, porque siendo tan húmedo el bizcocho, y con la humedad natural que tiene el frosting o crema de queso, no es necesario, sino se queda demasiado húmeda la tarta.  Nosotras jamás utilizamos almíbar.

 

  • A veces os quedan colores muy amarronados o tostados, si ya has probado ajustar el cacao y esto sigue ocurriendo puede ser que el bizcocho se haya pasado de horneado. Es más frecuente con tartas muy grandes. Nuestra solución es que la hornees en varias capas. En lugar de hornear toda la masa de una sola vez. Así evitaras que se tueste y cambie de color.

 

  • Y por último pero no menos importante… EL FROSTING!  Nos fascina el frosting de queso, nos ecanta hacerlo siempre en el momento de armar una tarta Red Velvet o decorar unos cupcakes. Nunca lo teñimos, nunca lo saborizamos. Sólo es queso, mantequilla y azúcar. Y nuestro secreto es batir la mantequilla con el azúcar, mucho, y con paciencia… moviendo los laterales para que quede totalmente homogéneo. Y una vez que lo tenemos completamente blanco, incorporamos el queso y batimos poco, sólo hasta integrarlo.  De la calidad de queso que utilicemos dependerá el acabado y la consistencia de nuestro frosting.

Y hasta aquí… nuestros tips, trucos y consejos para una Red Velvet PERFECTA!

Caligrafía en fondant

Caligrafía en fondant

Podemos decir que es una moda preciosa, que a primeras parece muy sencilla… pero que “escribir” los nombres en las tartas con fondant de esta manera requiere su trabajo.

Os dejamos una secuencia de fotos para que podáis ver cómo lo hacemos nosotras:

Haremos cada segmento de la letra por separado. Lo que más os costará al inicio será controlar donde se afina cada parte del segmento. Es cuestión de práctica. Los incios y finales será más sencillo cortarlos. 

Y así iremos completando cada una de las letras, dejando por debajo lo más fino y por encima lo más grueso. Luego podemos pintarlas como las de la tarta de la foto, están pintadas con pintura dorada en spray como esta. Lo mejor para este trabajo es utilizar un fondant que no seque muy de rápido para que para que de tiempo a moldear cada letra. Una vez que coja la forma ya podemos pegarla sobre la tarta.

Os dejamos también el descargable de la tipografía que utilizamos, pincha aquí para poder descargarla. Tendrás que instalarla en tu ordenador.

Esperamos que os guste mucho y lo pongáis en práctica.